"Pongamos un caso hipotético, incierto, aleatorio, fortuito y casual. De esos en los que cualquier parecido con la realidad es totalmente accidental.
Digamos que la protagonista es Paula. El amante de la protagonista, personaje inevitable entre todos los posibles, es un tal Alex, amado, amante y amador. Ellos, amados los dos, se han amado durante largo tiempo. El amor se desgasta, se deteriora, se apolilla y fenece. El suyo, de ellos, parecía que nunca moriría. De hecho no acabó.
Pongamos que Paula conoce a Jon, nuevo en escena, que podríamos imaginar como un joven apuesto de camisas rayadas y zapatillas añejas. Apuesto, profundo, solícito, adinerado, y loco por Paula.
Paula no está loca por él, ni mucho menos, pero le atrae en gran medida. Entonces llega la duda. Acaso en los primeros tiempos de amor con Alex se había ella sentido atraída por algún otro. Habría tenido cabida alguna duda si Jon hubiera llegado en otro periodo de su amor con Alex. Paula no está dispuesta a cultivar un amor dañado, y con el pecho partido en mil, se despide de Alex con un hasta siempre.
Alex, con su amor arrancado, su pena partida, se queda solo.
Paula, con su amor impreciso, su alma turbada, se queda sola.
Jon, con su amor no atañido, su espíritu loco, se queda solo.
Paula y Jon vuelven a encontrarse casualmente en un par de ocasiones, Jon siempre anhelante, Paula siempre reprimiendo sentimientos para no dañar lo que pueda quedar de su antiguo amor, porque siente que seguiría siendo una infidelidad, porque Paula es de Alex, porque Alex es de Paula. Siguen siendo almas gemelas, medias naranjas, amores queridos, reñidos, platónicos, simbólicos y perros. Tanto es así que siguen amándose en los rincones del mundo sombrío en que se han convertido sus vidas. Vuelven a amarse a mordiscos, a arañarse la espalda, golpear sus muslos y arrebatarse la ropa, sangrando heridas antiguas, encías sufridas y corazones mohosos. Amándose como nunca dejaron de amarse.
Pero Paula ya es otra, mira otro futuro, rasga otras ropas en sueños y espera impaciente la próxima casualidad que le acerque a Jon.
Pongamos que cualquier día, a cualquier hora, Paula y Alex terminan su amor en una cama cualquiera y al salir a la calle chocan con un joven apuesto de camisa rayada y zapatillas añejas. Pongamos que saluda a Alex en un gesto rápido, gira la cara, abre la boca en un gesto de dolor roto de manos cogidas y apresa con fuerza la mano de su acompañante.
Pongamos que nunca más se ven. Ni Paula a Jon, ni Alex a Paula, ni Jon a Alex, ni Paula a Alex, ni Alex a Jon, ni Jon a Paula."
Los casos de las almejas teóricas (2005)