“Vestirse a toda prisa, botas negras hasta la rodilla, vaqueros de dos colores oscuros, camisa negra con dibujos morados ajustada al pecho, el pelo muy largo, los ojos muy negros. Coger un taxi, luego un autobús, mirar por la ventanilla, llegar rápidamente despacio, esperar su llamada, esperar su mirada, verlo llegar, un beso en la mejilla, un recorrido completo, una bola de nervios, pasear, correr, saltar, sentarse, hablarse, besarse, tocarse, seguir besándose, ignorar la puerta que no abre, el portero que mira inculpador, sentirse Iris en Taxi Driver, beber burbujas, ignorar las inoportunas cortinas, las pulseras tintineando y la nevera vibrando. Descargar años, esperas, tristezas, lágrimas, ilusiones y todo lo que no es amor creyendo que no hay nada que no lo sea. Ver dos personas en un espejo y no reconocerse, bailar, soñar, vestirse sin prisa, botas negras hasta la rodilla, vaqueros de dos colores oscuros, camisa negra con dibujos morados ajustada al pecho, el pelo menos largo, los ojos más negros. Pasear, correr, saltar, sentarse, hablarse, besarse, tocarse, seguir besándose, llegar hasta la playa, recorrer la vereda, ignorar las siluetas que se aman al trasluz, ignorar los mensajes, los avisos, los odios. Mirar el horizonte y esperar. Esperar el amanecer de una vida, el amanecer de un amor. Esperar sin percatarse de que el sol ya está alto, de que salió sin hacer ruido, entre las nubes, iluminando en la sombra.
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